Sobre mí

Intensa, Viva, apasionada por la imagen, especializada en el Retrato, mi proyecto personal, la Mujer; trabajar el cuerpo junto las emociones me implica un respeto absoluto. Conseguirlo técnicamente, crear y finalmente sorprender, es mi reto personal.  Por ello es importante para mi, conocerte antes de la sesión, en mi estudio, te presentaré algo de mi trabajo que no expongo al público debido a su carácter personal e íntimo.

Sin conexión, no hay creación.

Me respaldan casi 20 años como profesional en el Mundo de la imágen. Te invito a conocer mi trayectoria y que sumes esto a tus imágenes www.evasanzmakeup.com

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BIO EVA SANZ . El sueño del pintalabios

Las faldas de mariposas

No sé cuando me enamoré del mundo de la imagen y la moda porque tengo la sensación de que es desde siempre. En casa nadie se maquillaba y mis únicas pinturas eran las Alpino, que también fueron mis primeros pintalabios, sombra de ojos y coloretes. Ya os podéis imaginar la pinta que tenía pero no estaba dispuesta a renunciar a ello. A los seis años cogí el pintalabios de mi abuela. Era un carmín, una barra de un rojo subido que, cuando vi mis pequeños labios mal pintados, me hizo soñar en faldas. Faldas plisadas de tonos rosados y faldas de mariposas que giraban al son de la música y que vestían mujeres con recogidos espléndidos y cuellos largos. Desde entonces, mi obsesión ha sido transmitir ese sueño.

El viaje

A los diecisiete años hice la maleta. Me despedí de mi familia, le prometí a mi madre que me comería toda la comida que me enviara del pueblo y, como Madrid no tiene mar, opté por Barcelona. En la maleta había muchas faldas de mariposas, alguna plisada, y sobre todo ilusión y ganas de comerme el mundo. Era inocente pero dicen que la inocencia se acaba a base de golpes, y yo la acabé rápido. Estudié maquillaje, caracterización, música, dibujo, teatro, idiomas y peluquería, lo necesitaba todo, lo absorbía con casi ansiedad. Empecé trabajando de azafata en programas de televisión porque así estaba cerca de las salas de maquillaje, hasta que me convertí en maquilladora de programas como Surti com surti y Ja hi som. He puesto rímel y colorete a Naomi Campbell, Iman o Valeria Mazza. Ahora me sorprende, pero en aquel momento solo quería que nunca se hubieran visto tan guapas. Cuando se cerró la puerta de la televisión se abrió la ventana del cine y la publicidad. El drama vs.la purpurina. La película vs. el flash. Y no sólo en maquillaje me respetaban, asesoraba en la imagen de modelos, cantantes, actores, políticos. Fascinante todo. Volé alrededor del mundo con mi maleta de maquillaje y mucha energía. Han sido 20 años frenéticos, casi sin vacaciones, por que mi trabajo es tan intenso que no podía parar, un proyecto te llevaba al siguiente que enlazaba con otro.

La parada

Cuando me quedé embarazada y sola, paré. Necesitaba parar para saber quién era y empezar a diseñar mi propio camino. Creé mi espacio, mi Taller, donde podían pasar muchas cosas siempre relacionadas con la imagen. Diseñé mi línea de maquillaje profesional junto a un manual. Me dediqué a formar a expertos en los campos de la estética y la peluquería, y eso me despertó un deseo: acercarme más a la mujer actual y trabajadora. Estaba acostumbrada a las modelos y celebridades, yo quería convertir en modelos a las mujeres reales. Así que decidí especializarme en maquillaje para novias para que durante su día se sintieran estrellas en una alfombra roja. El sueño del pintalabios empezaba a hacerse realidad. Nos conocemos, hablamos, nos abrimos la una a la otra, confidencias, risas, cavilaciones, dilemas…, personalidades que intento transmitir ese día con una premisa irrenunciable: todos los miedos deben convertirse en confianzas cuando Ella se mire en el espejo. Cada novia se ha llevado un trocito de mi corazón y las recuerdo a todas, aunque las bodas fueran en Venecia, Sevilla, Madrid o Formentera.

La pasión

Siempre he preferido la publicidad fotográfica a los anuncios de televisión y durante veinte años he trabajado junto a los mejores fotógrafos del mundo. No me puedo quedar con un nombre. Cada profesional me ha enseñado muchísimo, Ni siquiera el de Annie Leibovitz, con quien compartí una campaña internacional para Dove.

La fotografía me ha ido atrapando. Despacio. Primero, admiración; después, voracidad y aprendizaje; al final, pasión y obsesión. Y otra vez el sueño del pintalabios. Escribiendo esto me doy cuenta de que es mi estómago el que decide por mí, se forma un nudo que no me deja dormir, es un nudo de una ilusión tan intensa que casi duele y me indica qué debo hacer. En el caso de la fotografía vi que podía cerrar el círculo: fotografiar a la mujer y captar su belleza para plasmarla en un documento gráfico, una prueba irrefutable para que ella vea que es única y preciosa. Me gusta la mujer, la voluptuosidad del embarazo, la fortaleza de quien lleva vida. O la que nace, pequeña y frágil, pero más valiente de lo que todos creemos. Y la mujer de la calle, la que me encuentro cada día haciendo el café en el bar de abajo, la que me cruzo bajando hacia el metro, la que me llama porque el marido la ha dejado, la que no se ha sentido nunca bonita y que abre la boca y se emociona porque no se cree que la de las fotografías sea ella. Después de una sesión, la mayoría me da las gracias pero no, la agradecida soy yo porque han hecho posible mi sueño del pintalabios.

UNA HISTORIA REAL (LA AUTORA)

Ella nunca había pensado que fuese guapa, odiaba sus ojos demasiado grandes y creía que si alguien, alguna vez, le había dicho que lo era, era por compromiso. Hasta que la conoció. Subió la escalera de su casa dudando, entre nerviosa y excitada, pero la voz dulce y modulada de Eva la calmó enseguida. Le maquilló los ojos mientras hablaban de tonterías, que, sin saber cómo, se convirtieron en temas serios. Le puso un pañuelo de seda en el pecho, esperaron que fueran las ocho para aprovechar la luz de aquel último rayo de sol y empezó a disparar. Hablaban de ellas y de los hombres, de la amistad y de las relaciones entre las personas, de la pasión por el trabajo, de sus ambiciones y de sus fracasos. Eva sonreía mientras disparaba y ella, por primera vez, asoció la palabra bonita a la sinceridad. Tres horas de rímel, de compartir, de complicidad y de ventilador, mucho ventilador. Sin ver el resultado, ya se sentía bonita. Ya no hacía falta que ningún hombre se lo dijera, porque durante tres horas había sido bonita por sí misma.Q.